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Demandas de liderazgo

13 de septiembre de 2001

George W. Bush se está enfrentando a múltiples retos; pero su tarea más importante es un simple asunto de liderazgo. La nación, tambaleante después de los ataques terroristas de esta semana, necesita ver a su presidente en control, listo para tomar decisiones difíciles sobre la base de las razones correctas. Expresar determinación por castigar a quienes organizaron los ataques al World Trade Center y al Pentágono es importante; pero no es, en lo más mínimo, suficiente. La administración pasó buena parte del día de ayer tratando de sobreponerse a la impresión de que Bush mostró debilidad al no haber retornado inmediatamente a Washington después de los ataques terroristas.

Esto no es lo que más preocupa al pueblo estadounidense. Si el Servicio Secreto consideró que el presidente estaría más seguro en otro lugar, el país está preparado a aceptarlo y seguir adelante. Lo que importa ahora es qué piensa hacer Bush. La parte perturbadora del desempeño de la administración el martes fue la negativa del presidente o de los miembros de su gabinete a resolver inquietudes acerca de los rápidos y aterrorizadores eventos. Durante la mayor parte del día, mientras que la nación veía imágenes de las torres del World Trade Centre viniéndose abajo, la única figura visible en Washington era Karen Hughes, asesora del presidente, quién declinó responder preguntas.

El que Bush haya empezado a visitar los lugares de los ataques ha sido recibido con agrado. El presidente siempre ha sido bueno para establecer contacto con los norteamericanos medio y, ahora, lo que le corresponde es brindar apoyo a aquellos que han sobrevivido a estas catástrofes; especialmente en Nueva York. Nunca antes ha habido tanta animosidad entre la ciudad y este jefe de estado; pero los neoyorquinos necesitan ver, en esta crisis, que él también es su presidente. Bush ya ha solicitado una nueva tonalidad en Washington, comparable al pedido de una nación en guerra. El presidente se ha comprometido con frecuencia a un enfoque bipartidario en el gobierno; ahora es el momento de hacer honor a su promesa.

En tiempos de guerra, algunos presidentes han ampliado sus gabinetes para incluir a miembros de la oposición; Bush no necesita reconfigurar su gobierno sino necesita acudir a los líderes democráticos del congreso en busca de ideas y apoyo. Después de todo, puede que entre los retos haya que repensar las prioridades de defensa y seguridad, lo cual no puede llevarse a cabo sin política partidista trascendente. Es posible que en los próximos días Bush solicite a la nación que apoye acciones militares que muchos ciudadanos, en especial aquellos con parientes en el servicio militar, considerarán alarmantes. Para poder liderar bien, debe convencer a la nación de que sus decisiones son inteligentes y fundamentadas. La nación confía en que su decisión irá más allá de un impulso personal de venganza. La ira es un lujo reservado para el público, el cual confía que el presidente actuará basándose en un juicio más mesurado.

También debe demostrar que sabe lo que está haciendo. Bush llegó a la Casa Blanca con tan poco preparación en asuntos internacionales como cualquier presidente de la era moderna; pero esto no necesariamente sugiere que no podrá ponerse a la altura de la situación. No obstante, significa que la nación lo estará observando con nerviosismo, con necesidad de obtener garantías de que está tomando decisiones sabias. La mejor forma en que puede ganar la confianza de la nación es apareciendo en público frecuentemente y no tener miedo de responder a preguntas.

En los últimos dos días, el Alcalde y el Gobernador de Nueva York, Rudolph Giuliani y George Pataki, han estado incansablemente a disposición del inquieto público en necesidad reafirmación. A menudo, ha sido suficiente con escucharlos decir que no saben todas las respuestas. En el frente económico, los ataques de esta semana obviamente sucedieron en un momento de fragilidad. Ningún presidente puede cambiar con palabras las tendencias económicas básicas; pero tanto Bill Clinton como Ronald Reagan comprendían que un presidente puede ayudar a generar confianza con declaraciones y acciones.

Bush debería convocar a líderes empresariales y expertos en economía para demostrar que hará lo que sea necesario para restaurar esa confianza y ayudar al centro financiero de la nación a levantarse nuevamente. A los ojos de muchos norteamericanos, Bush sigue sin haber sido probado. Sus palabras han demostrado que conoce bien la magnitud del reto a que se enfrenta. La mejor forma en que puede encontrar su voz y liderar es comprometiéndose activa y visiblemente; y compartiendo su pensamiento y su confianza en el futuro. Los norteamericanos están más que listos a levantarse y brindarle su apoyo.